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El fin de la era del «yo estuve ahí»: El ocaso de la opulencia sin sentido
Durante décadas, el sector del lujo se midió por la acumulación de activos tangibles: La frialdad del mármol de Carrara en un lobby, un yate enorme o la exclusividad de una suite inaccesible. Pero ese modelo ha caducado hoy el nuevo lujo se enfoca en algo más. En un ecosistema hiperconectado donde la infraestructura de alta gama se ha convertido en un estándar commodity, el verdadero viajero de élite se enfrenta a una pregunta existencial: ¿Por qué empacar una maleta cuando el mundo entero está a la distancia de un clic?
Jesús Montoya, estratega, referente en la industria y founder de All Access Luxury Group propone una idea disruptiva: El nuevo lujo no es un lugar, es un impacto emocional; no es geografía, es memoria. En esta transición, el turismo deportivo ha emergido no como un nicho, sino como el catalizador definitivo de la pasión humana.
La memoria como factor básico en el nuevo lujo: Cuando el objeto cede ante el sentimiento
Jesús Montoya es tajante: La nueva frontera del lujo no es material, es emocional y está íntimamente ligado a la memoria. El viajero contemporáneo ha dejado de desplazarse para «conocer» un sitio. El motor del desplazamiento se ha movido hacia la búsqueda de una «divisa emocional» que pueda atesorar y, posteriormente, compartir en sus redes y círculos de influencia.
Para el perfil de alto ingreso, la opulencia física ya no es un diferencial porque es su cotidianidad. Quien tiene el mejor servicio en casa no busca un hotel más caro, busca una conexión que su día a día no puede procesar. Como bien analiza Montoya:
«La gente quiere memorias, la gente quiere recuerdos. El lujo como lo conocíamos no le llena porque ya lo tiene en su día a día. Lo que quiere es conectar con algo único y eso es lo que hoy es escaso, por ello se convirtió en un lujo».
La Geografía del sentimiento: ¿Por qué pagamos por un asiento si existe el 4K?
Aquí nace una paradoja fascinante: Tecnológicamente, un partido de fútbol o una final de tenis se aprecia con mayor nitidez en una pantalla de 85 pulgadas que en la grada más exclusiva. Sin embargo, la demanda por estar presente físicamente es mayor que nunca.
Basado en la visión de Montoya, el valor real no reside en la visibilidad técnica, sino en el significado profundo de la proximidad. El lujo hoy va más allá del catering del área VIP o el hospitality estandarizado; es la cercanía con el ídolo, la posibilidad de que un niño sienta la presencia de Mbappé a pocos metros, o la atmósfera única para cerrar un acuerdo de negocios tras una conversación orgánica. El asiento entonces pasa de ser un mueble, a ser un activo de conexión emocional y profesional.
Activos de tiempo: Del turismo pasivo a la identidad del deportista
Desde la pandemia, el turismo deportivo se ha consolidado como la rama de mayor crecimiento exponencial en la industria. Para el viajero de alto perfil, el dinero es un recurso recuperable, pero el tiempo es el activo intangible más preciado. Esta mentalidad ha forzado un cambio del turismo pasivo (ser espectador) al turismo activo (ser protagonista).
Hoy, el deporte es parte del «día a día» del viajero. No se trata solo de ver a los Yankees o asistir al US Open; se trata de integrar el pádel, el ciclismo de montaña o el golf en el itinerario. Para explicar este fenómeno, Montoya introduce el Circuito de Desarrollo:
- Motivar: El estímulo inicial que capta la atención.
- Convencer: La validación de que la experiencia vale el tiempo invertido.
- Apasionar: El estado final donde el viaje transforma la identidad del viajero.
El viaje ya no es una pausa en la rutina, hoy es una extensión de la pasión personal donde el individuo busca sentirse más como un atleta que solo como un turista.
El Human Premium en el nuevo lujo: Creatividad H2H (human-to-human) como antídoto a la IA
En un mundo saturado de algoritmos e Inteligencia Artificial, ¿cómo podemos seguir sorprendiendo a un viajero sobreexpuesto? Montoya sostiene que la respuesta es el «Human Premium». La IA puede gestionar la logística, pero no puede replicar la creatividad humana, el único factor capaz de generar una sorpresa genuina.
La innovación debe ser H2H (Human-to-Human). El secreto para cautivar a un grupo o a un individuo no está en la automatización, sino en la capacidad inventiva de un líder para diseñar momentos que hablen directamente al corazón. La pasión es el único elemento que la tecnología no puede commoditizar.
El arte de «desaprender»: Hacia el nuevo lujo ético y consciente
El nuevo paradigma también exige una evolución en los valores. Montoya rechaza el «turismo depredador» aquel que consume destinos sin dejar valor y propone un modelo basado en el respeto cultural profundo. No se va a un lugar a extraer, sino a entender.
Bajo esta óptica, el nuevo lujo implica un ejercicio de «desaprender»: Eliminar prejuicios y estructuras obsoletas para conectar con la esencia de la cultura local. Es un turismo de intercambio, no de consumo.
«Lo más importante que nos corresponde a nosotros los seres humanos no es seguir aprendiendo de la IA… sino desaprender para que eliminemos todo eso que no nos sirve y nos conectemos con lo que sí funciona».
La meta final es sentirse especial, ese es el nuevo lujo
Al final del día, el costo de la inversión, ya sean $2 o $500,000 dólares, es irrelevante si no se alcanza el objetivo máximo: Lograr que el cliente se sienta especial y cree un recuerdo imborrable. La pasión debe ser el motor que transforme un simple desplazamiento en un hito de vida. La industria no vende boletos ni habitaciones; vende la oportunidad de ser una versión más apasionada de nosotros mismos.
Finalmente, el futuro del turismo exige un cambio ético. Debemos pasar del turismo «depredador» a uno de respeto profundo por la cultura local. Viajar hoy no es solo aprender cosas nuevas, sino tener la humildad de desaprender nuestros prejuicios para conectar con lo que realmente funciona: el respeto, los valores y la humanidad compartida.
En Techturismo.media, entendemos que la tecnología es la herramienta, pero la pasión humana sigue siendo, y siempre será, el destino final.

