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La tecnología está cambiando la manera en que los museos entienden a sus visitantes. Ya no se trata únicamente de saber cuántas personas entran, cuánto tiempo permanecen en una exposición o qué obras son las más fotografiadas. El siguiente paso consiste en comprender qué observa realmente el visitante, durante cuánto tiempo, qué información modifica su percepción y cómo responde emocionalmente a una obra.
Ese es el objetivo de una nueva investigación desarrollada en The Dalí Museum, en St. Petersburg, Florida, en colaboración con la University of South Florida St. Petersburg y Dartmouth University. El proyecto utiliza tecnología de eye tracking, o seguimiento ocular, para estudiar cómo diferentes formas de presentar información pueden modificar la manera en que las personas observan y valoran el arte.
¿Qué ocurriría si los museos pudieran diseñar sus exposiciones a partir de datos reales sobre el comportamiento de sus visitantes?
Del museo como espacio de exhibición al museo como experiencia con eye tracking
Durante décadas, la gestión de museos se concentró principalmente en preservar colecciones, organizar exposiciones y atraer visitantes. Sin embargo, el crecimiento del turismo cultural y la transformación digital han elevado las expectativas de los públicos.
El visitante actual no necesariamente quiere limitarse a observar una obra detrás de una barrera. Busca comprenderla, interactuar con ella, compartirla y, en muchos casos, convertirse en parte de la experiencia.
The Dalí Museum lleva años experimentando precisamente en esa dirección. Su estrategia digital incluye experiencias de realidad aumentada, realidad virtual, inteligencia artificial y espacios inmersivos. Entre ellas se encuentra Dream Tapestry, una experiencia desarrollada durante la exposición The Shape of Dreams que utilizó DALL·E para convertir descripciones de sueños de los visitantes en imágenes digitales.
La institución también cuenta con The Dalí Dome, un espacio de 360 grados diseñado para experiencias multisensoriales que combinan luz, sonido y movimiento.
Esta evolución muestra un cambio importante: la tecnología no está siendo utilizada únicamente para digitalizar el contenido del museo, sino para crear nuevas formas de relación entre las personas, las obras y el espacio físico.
Con tecnología de eye tracking el comportamiento del visitante también puede estudiarse
La investigación académica sobre seguimiento ocular en museos no es nueva. Estudios realizados en instituciones europeas han utilizado esta tecnología para analizar cómo los visitantes distribuyen su atención y cómo las modificaciones en la presentación de una exposición pueden alterar sus patrones de observación.
Una investigación realizada en la Austrian Gallery Belvedere, por ejemplo, comparó el comportamiento de visitantes antes y después de una reorganización de la colección. El estudio encontró modificaciones en los tiempos de observación de las obras, en la lectura de las etiquetas y en la profundidad de las reflexiones de los visitantes sobre la exposición.
Un análisis publicado en 2026 sobre mobile eye tracking en museos de arte señala que esta tecnología puede aportar información valiosa sobre la experiencia del visitante, aunque todavía existe una brecha entre generar conocimiento mediante investigación y utilizarlo sistemáticamente para diseñar exposiciones.
Es precisamente esa brecha la que iniciativas como la del Dalí Museum buscan reducir.
El museo estudia hacia dónde dirige la atención el visitante
El proyecto liderado por profesores de psicología de University of South Florida St. Petersburg utiliza un dispositivo de seguimiento ocular que tiene la apariencia de una pequeña cámara colocada frente a una pantalla.
Mientras los participantes observan obras de Salvador Dalí, el sistema registra dónde miran y durante cuánto tiempo. Posteriormente, los participantes son divididos en diferentes grupos.
Algunos reciben información específica sobre la obra que están observando. Otros reciben información biográfica sobre Dalí. Un tercer grupo no recibe información adicional. Después, los participantes vuelven a observar la obra.
Finalmente, completan una encuesta sobre sus características demográficas y su respuesta emocional frente al trabajo artístico.
La combinación de estos datos permite estudiar la relación entre tres dimensiones que tradicionalmente han sido difíciles de analizar de manera conjunta: atención visual, información contextual y respuesta emocional.
El verdadero valor del proyecto está en lo que puede ocurrir después con esos datos
Si los investigadores identifican diferencias relevantes entre los grupos, el museo podría obtener evidencia sobre qué tipo de contenido ayuda a profundizar la apreciación de una obra y qué información puede resultar menos relevante para determinados públicos.
Esto abre una posibilidad especialmente interesante para la gestión turística: pasar de una curaduría basada exclusivamente en criterios artísticos, históricos o institucionales a modelos de exposición que también incorporen evidencia sobre el comportamiento del visitante.
No significa que los datos deban sustituir al curador. Significa que pueden convertirse en una nueva herramienta para tomar decisiones.
El visitante está en el centro del modelo
El principal beneficiario es el propio visitante, porque el conocimiento obtenido puede contribuir a diseñar experiencias más relevantes, comprensibles y atractivas.
Pero el alcance potencial es mucho mayor.
Para los museos, este tipo de investigación puede ayudar a evaluar la eficacia de textos curatoriales, distribución de obras, señalización, recursos digitales y experiencias interactivas.
Para los investigadores, genera información sobre la relación entre percepción, atención, emociones y características individuales.
Para los estudiantes de University of South Florida St. Petersburg involucrados en el proyecto, representa además una oportunidad para participar en investigación aplicada, desde el reclutamiento de participantes hasta el análisis de datos.
Y para el sector turístico, existe otra implicación: la experiencia cultural puede comenzar a gestionarse como un producto basado en datos.
El museo como laboratorio de innovación turística
La principal lección para la industria no está únicamente en la tecnología de eye tracking. Está en el cambio de mentalidad.
Hoteles, parques temáticos, aeropuertos, centros culturales, destinos y atracciones turísticas generan enormes cantidades de información sobre el comportamiento de sus visitantes. Sin embargo, una parte importante de esa información continúa utilizándose principalmente para medir transacciones, ocupación o volumen de visitantes.
El siguiente nivel consiste en comprender la experiencia.
¿Qué atrae la atención? ¿Dónde abandona una persona un recorrido? ¿Qué contenido genera mayor interacción? ¿Qué elementos producen emoción? ¿Qué información facilita la comprensión? ¿Qué espacios generan permanencia?
Responder esas preguntas puede tener implicaciones directas sobre diseño, operación, marketing y monetización.
En este sentido, el proyecto del Dalí Museum puede convertirse en un caso de referencia para una tendencia mayor: la incorporación de tecnologías de medición del comportamiento en el diseño de experiencias turísticas.
La próxima frontera será medir la experiencia, no solamente el visitante
El caso del Dalí Museum demuestra que la transformación digital del turismo cultural está avanzando hacia una nueva etapa.
Durante años, digitalizar un museo significaba crear aplicaciones, recorridos virtuales, pantallas interactivas o experiencias de realidad aumentada. Ahora, la conversación comienza a cambiar: ¿qué podemos aprender de la manera en que las personas utilizan esas experiencias?
El seguimiento ocular representa una de las herramientas que pueden ayudar a responder esa pregunta.
Su verdadero potencial no está en acumular datos sobre los movimientos de los ojos, sino en convertir esos datos en conocimiento accionable para mejorar la experiencia.
Para los ejecutivos turísticos, la conclusión es relevante. La innovación no consiste necesariamente en incorporar la tecnología más llamativa, sino en utilizarla para resolver preguntas concretas del negocio y del visitante.
En el caso de un museo, la pregunta puede ser cómo aumentar la comprensión y apreciación de una obra. En un parque temático puede ser cómo optimizar un recorrido. En un hotel, cómo mejorar la interacción con los espacios. En un destino, cómo diseñar experiencias que generen mayor conexión.
El futuro de la industria turística será cada vez más capaz de observar, analizar y adaptar sus experiencias.
Pero el reto estratégico será hacerlo sin convertir al visitante en un simple conjunto de datos.
La tecnología puede decirnos dónde mira una persona. Los datos pueden ayudarnos a identificar patrones. La inteligencia artificial puede encontrar relaciones que antes eran difíciles de detectar.
La decisión que seguirá siendo humana es qué hacer con ese conocimiento.
Ese es, probablemente, el verdadero valor de la innovación turística: utilizar la tecnología no para reemplazar la experiencia, sino para entenderla mejor y diseñarla con mayor inteligencia.


