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Esta es la historia de Teresa, la verdadera Teresa; no es el personaje de la telenovela de Mimí Bechelani, a ella la movía la venganza y a nuestra Telechita la movieron las ganas de superación. ¿Que sí se topó con obstáculos? Demasiados, pero eso no la detuvo.
Teresa nació en una familia humilde, la mayor de cuatro hermanos, hija de padres panaderos que se ganaron la vida cosechando en el campo y horneando pan. Esa panadería que por fuera parecía una casita mal hecha, le dio techo, comida y educación a varios hijos.
La pequeña Teresa creció en el campo, entre el pan, la panadería y los animales de granja, ella tenía claro que si quería hacer algo en la vida le tocaría esforzarse un poco más. Su padre como un hombre dominante de 1950 no creía en la educación, menos en la de sus hijas que terminarían casadas y con hijos antes de la mayoría de edad “ como todas las muchachas del pueblo”. La realidad no estuvo muy alejada del vaticinio pero falló en algo, Tere no era una muchachita conformista, ella soñaba con salir del pueblo.
En sus tiempos libres entre el olor a pan recién horneado y las manchas de harina en las mesas de la panadería, trazó un plan. Sabía que la educación la sacaría de la ignorancia y a la vez, podría darle la oportunidad de conseguir un trabajo mejor pagado que en la panadería.
Se convirtió en una estudiante modelo, escribía, declamaba, hacía oratoria y de vez en cuando cantaba. Pero su talento estaba en la costura.
Costurando para las mujeres que podían pagar por vestidos fue como pago su educación, porque su padre no iba a ayudarla cuando estaba seguro de que terminaría casada muy joven. Pero la vida no se le cerró a la joven, así que inició un emprendimiento en la época en la que las mujeres se quedaban en casa a cuidar de los hijos y el marido o a los hermanos.
La niña de 13 años se pagó la educación completa hasta que recibió su primera plaza. Entonces pasó de cuidar a sus hermanos, a cuidar de la educación de cientos de niños que depositaban su esperanza en la educación.
Entre todo lo que le sucedió vio la luz dando clases en diferentes comunidades. No solo vivió la pobreza de un México joven y hundido en la miseria por la ausencia de la democracia, la vio de frente en sus peores versiones y sobrevivió.
Cuando tuvo edad para mantenerse conoció al padre de sus hijos y aquí todo se descontroló. Una niña de 17 años bien enamorada, así como en la novela “arráncame la vida” a esa edad ¿qué vas a saber del por qué haces las cosas? Así que lo que mi abuelo tanto había predicho, se hizo realidad a los 18 años de Teresita.
Teresita estaba casada y con una bebé en brazos a los 19 años. En ese momento todos esperaban que “sentara cabeza, se calmara y se dedicara al hogar”. Pero alguien cometió un error muy grande.
Mientras la chamaca de 19 años recién “aliviada” estaba aún en cama, la dejaron sola argumentando que “las mujeres en el pueblo, por aquí se alivian y por aquí se van al río a lavar”.
A Teresita no se le iba una, así que se puso manos a la obra. El susto de saber que la cosa no era tan sencilla la hizo regresar al reposo pero con la certeza de que las mujeres del pueblo se levantan. Así lo hizo, porque al final ella es una mujer de pueblo.
Con una bebé en brazos que en menos de dos años se convirtieron en dos bebés de brazos, no se detuvo. Muy joven entendió que para lograr un retiro tranquilo, requería independencia financiera, así que planeó la manera en la que siendo maestra de primaria rural pudiese generar un mejor ingreso.
¿Sabían que en México existía el escalafón en el magisterio? Bueno aquí va la definición de GeminAI en Google:
“El escalafón magisterial es un registro público, descentralizado y nacional que documenta la trayectoria laboral de los profesores y auxiliares de educación que trabajan para el Estado. También incluye al personal cesante y pensionista.
El escalafón magisterial es un factor importante en el sistema educativo y permite a los docentes tener un mayor ingreso económico a medida que ascienden en el escalafón.”
Esa era la clave: podía seguir dando clases en su plaza, sin tener que adquirir otra o trabajar en el segmento privado. Vaya sí que era una mujer sumamente inteligente, porque entendió a profundidad de lo que se trataba el magisterio y cuáles eran las oportunidades de rankear en una de las profesiones más saturadas del país.
La Teresita de 20 años estaría sumamente orgullosa de verse hoy. Cuatro hijos, seis nietos y tres perrinietos después, es una mujer que se puede dar el lujo de vivir la vida a su manera, bajo sus condiciones. Podrá no tener una cuenta en el banco de seis dígitos, podrá no tener una casa en el extranjero o dos autos deportivos en la entrada, pero todo lo que tiene es suyo y se lo ganó a punta de trabajo.
En la historia de Teresa hay un montón de micro historias que contar pero sin duda, esta es una de las mejores.
Mi madre, la verdadera Teresa de México, se planteó una forma para tener una vejez relajada y a su manera; quizás no es lo que soñó o imagino de joven pero está aquí y está mucho mejor de cómo vino al mundo.
